📚 7 aspectos clave para ANIMAR a LEER

Siempre digo que uno de los mayores retos a los que se enfrenta un maestro es el de enseñar a leer. Pero casi es un reto mayor afianzar el hábito lector y animar a leer.

En el mundo en que vivimos, la rapidez nos limita a realizar actividades que requieren paciencia y calma, como la lectura. A menudo me encuentro con niños en el aula a los que veo disfrutar mucho con la lectura que manifiestan que en sus casas no pueden leer porque no tienen tiempo.

¿Es alarmante? Puede que un poco. Pero a los adultos nos ocurre lo mismo.

 

También es frecuente oír a maestros decir recurrentemente la frase “Es que los niños no leen en su casa”. Y en ese caso podemos darles la razón y además preguntarles: ¿y en clase?

Ciertamente debemos animar a los niños a leer tanto en casa como en las aulas. Pero si en las casas no se hace, más tiempo debemos dedicar en los centros educativos.

 

La lectura es un proceso que condiciona el aprendizaje, por lo tanto, debe ser prioritario que un niño aprenda a leer y lea frecuentemente.

 

¿Cómo se puede animar a leer sin leer?

¿Qué aspectos son entonces clave para conseguir ese hábito?

Animar a leer…

  1. Ser un ejemplo para ellos.

Sacar un libro de nuestra mochila y enseñarles el libro que estamos leyendo. Llevar un libro al recreo y que nos vean ojearlo. Vernos realizar préstamos de libros en la biblioteca. En definitiva, vernos mostrar interés por la lectura y los libros.

Decirles que lean y leer con ellos está bien. Pero si les servimos de ejemplo, los resultados mejorarán notablemente.

 

“¿Haz lo que diga, pero no lo que haga?” Ya sabemos que así no llegamos a ninguna parte.

 

  1. Ofrecerles buenos libros.

Los libros que ofrezcamos a nuestros pequeños han de ser atractivos para ellos y con temáticas que les atraigan. Así se genera hábito y entusiasmo.

Últimamente están muy “de moda” los libros que enseñan aspectos como la tolerancia, la generosidad, los buenos modales… eso está muy bien, pero si no son del interés del niño, no sólo no generará entusiasmo, sino que esos aprendizajes nunca llegarán a él.

 

En mi experiencia, a los niños les gustan las historias con cochinadas, con fantasía, pócimas… las historias que mezclan cuentos, que no tienen sentido…

El lobo, tu colegaPor supuesto, os recomiendo El lobo, tu colega. Es la historia del lobo bueno, que cuenta los cuentos desde su perspectiva. 

 

  1. Transmitir la lectura con entusiasmo.

“¡Cómo me gusta este libro que estamos leyendo!”

“¿Qué crees que hará después el lobo?”

“¿Crees que Caperucita se portará mejor?”

“Ayer me quedé pensando todo el rato en lo que leímos… ¡qué intriga!”

 

Empezar a leer con frases como esta o incluso decirlas sin que sea el momento de leer, demostrará a nuestros alumnos e hijos que nos interesa la historia, que pensamos en ella, que nos genera intriga y que nos gusta hablar de ella.

 

  1. Vivir la historia y los personajes.

Siempre he dicho que la lectura es un recurso genial para trabajar la empatía. Ponernos en el lugar de los personajes también nos enseñará a sentir sus emociones y por lo tanto nos ayudará a ponernos en el lugar de nuestros compañeros y amigos.

 

Cuando leo en clase con mis alumnos, me gusta hacer vivos a los personajes. Establecer diálogos donde nos imaginamos que el lobo viene a clase, a qué querría jugar con nosotros, qué querría aprender… 

Y al revés, meternos nosotros en la historia. ¿Qué haríamos si el lobo nos hiciese eso? ¿Qué le diríamos a Caperucita? ¿Cómo ayudaríamos a los tres cerditos?

 

Deducimos entonces que, de manera ordenada, permitiremos a los niños hablar de la historia cuando estamos leyendo. Les dejaremos hacer comentarios, expresar sus ideas y conectar la historia con sus experiencias.

 

  1. Realizar actividades creativas con los personajes, la historia…

Esto no puede faltar, tanto en casa como en el aula es una idea genial. Pero en el aula, desde mi punto de vista, es imprescindible.

Si reducimos la lectura a: lee tú, ahora tú… no solo no generaremos hábito, sino que conseguiremos el efecto contrario. La lectura será tediosa y aburrida.

 

Sin embargo, si realizamos actividades atractivas y creativas… les motivaremos para continuar leyendo. En el ejemplo del libro El lobo, tu colega, podemos elaborar un lobo gigante, escribirle cartas e incluso mandarle un mail a través de la web… ¡siempre contesta!

 

Como nos encanta este libro, y lo hemos trabajado en el aula en varias ocasiones, hemos desarrollado una Situación de aprendizaje a través de la que desarrollamos diferentes actividades creativas, de expresión escrita… que revalorizan la lectura del libro y la historia en sí.

 

  1. Rodearnos de libros: bibliotecas y librerías.

Igual que a quien le gusta la naturaleza, le gusta ir a pasear al monte. Para que nos gusten los libros, debemos visitar lugares que nos permitan conocer y descubrir nuevas historias. Así, que siempre que tengamos ocasión iremos a bibliotecas, librerías, ferias de libros…

 

¿Quién no recuerda un libro maravilloso que descubrió de esa manera?

 

  1. Ofrecerles tiempos de lectura con calma y disfrute… ¡juntos!

SIEMPRE dedico en clase tiempos de lectura conjunta. Leemos en voz alta y realizamos las actividades y acciones que has venido leyendo hasta ahora. Hablamos, deducimos, experimentamos con la historia… ¡juntos! 

 

La lectura en voz alta es determinante. Y en la escuela, de igual manera que debemos enseñar a leer, debemos enseñar a disfrutar la lectura. Yo, personalmente, no sé cómo se hace sin leer juntos en voz alta, viéndome disfrutar a mí, y al tiempo, disfrutar juntos.

 

¿Dedicas tiempos de lectura en voz alta en el aula? ¿Vives y disfrutas las historias con los más pequeños? ¿Recomiendas especialmente algún libro? ¿Qué tipo de actividades realizas con la lectura?

Vanesa Díaz

En la web tenemos muchos ejemplos con proyectos realizados partiendo de un libro como eje central.

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